Tic tic tic...

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El mundo se reinicia todos los días a las 7 en punto, justo en el momento en el que mi querido compañero tiene programado su inicio de actividad. De repente, un destello en medio de absoluta oscuridad que me avisa de la puesta en marcha de la calefacción, la caldera del agua caliente y la cafetera. Tengo un minuto para alcanzar mi iphone y expresar mi primer tweet del día: “¿quien sabe que día es hoy?

Asisto entonces a la concatenación de respuestas, mas parecido al ruido de un enjambre que a una comunicación efectiva. Todo ello me recuerda aquellas mañanas en la cafetería de la universidad. Cerca de veinte personas con tanta necesidad de comunicarse que respondían incluso antes de escuchar pregunta alguna. Hoy, aquel hervidero de idas, venidas y “espabilina” líquida es un collage, una amalgama conformada entre cochinas calles, bares, oficinas e incluso lugares teóricamente no demasiado apropiados para tomar un café.

Eso es lo que nos ha traído la democratización de las tecnologías de información y comunicación y lo que consecuentemente nos viene proporcionado por adsl-s, cables, 3gs, wifis y demás , para estar en un continuum comunicativo que da por desfasado el dicho “ poner puertas al campo”. Es algo obvio que resulta imposible y sin sentido, en un mundo en el que estar presente en la red se esta volviendo cada vez mas necesario.

Toca ponerse al día con los RSS. Es curioso que hasta hace unos cinco años mi casi exclusiva fuente de información fueran los medios escritos de mi entorno y los informativos de radio y televisión, cuando en tan poco tiempo he dejado de leer prensa escrita para informarme a través del tamiz de periodistas vocacionales que me interpretan la realidad en un modo que encuentro satisfactorio.

Dos sorbos mas para terminar el café y la conversación de taberna mañanera y el “cling” “ cling “ cling” del Messenger me vuelve a enganchar con la relación a distancia que me lleva manteniendo últimamente. Tic no es un mero acrónimo, es el sonido del motor que me mueve, es mi pulso, mi corazón.

 

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